Justicia y Paz

Misión y los nuevos rostros de los pobres
Contexto

Siendo Oblatos, llevamos ya cierto tiempo hablando de los pobres en sus múltiples aspectos. En este Capítulo general hemos insistido en dar prioridad a los nuevos rostros de los pobres, cuya situación pide con más fuerza una salvación, entendida en un sentido integral, que sólo el Evangelio puede ofrecer. Son nuevos porque nuevas realidades sociales, políticas, religiosas y económicas les privan de su dignidad, o porque una lectura más valiente por nuestra parte de los signos de los tiempos nos ayuda a reconocerlos mejor.

En todo el mundo constatamos que los oblatos y aquellos a nosotros asociados estamos sirviendo ya a los pobres y más abandonados, a quienes amamos. A menudo realizamos esta tarea misionera desde el discernimiento hecho por la Congregación y por las unidades. Predomina con frecuencia el trabajo realizado según nuestros carismas personales. En este Capítulo hemos percibido otros rostros de los pobres, preguntándonos si estamos donde deberíamos estar como Oblatos.

Considerando nuestros distintos contextos, hemos visto los nuevos rostros de los pobres en tres grupos distintos:

  • Contemplamos pobreza espiritual. Algunas personas buscan un sentido a la vida, luchando con problemas de adicción o sien¬do adictos al sectarismo, viéndose atraídos al fundamentalismo o radicalismo. Otros experimentan dificultades en su vida familiar, como los divorciados, los que están solos, los mayores, y aquellos dependientes y enfermos. Asimismo, la familia oblata también tiene disfuncionalidades.
  • Algunas personas tienen que desplazarse, especialmente los migrantes, los refugiados y los “sintecho”.
  • Otros se ven directamente afectados por situaciones que claman por la justicia, la paz y la integridad de la creación (JPIC), tales como los indígenas, los pueblos tribales, los parias, los prisioneros, las víctimas del tráfico de personas, las mujeres y niños que sufren abuso y explotación, etc. Nos hemos hecho más conscientes de que tenemos que cuidar nuestra Casa Común.
Recursos

Las Escrituras nos hablan de estar en camino o en un itinerario. Jesús mismo se identifica con el Camino (Juan 14, 6). Nació en una familia que tuvo que desplazarse (Mateo 2, 13-23; Lucas 2, 1-7). Otros libros o pasajes a considerar en esta perspectiva son: Génesis, Amós, Santiago, las Bienaventuranzas, etc.

La Iglesia Católica ha desarrollado una rica enseñanza magisterial relacionada con los nuevos rostros de los pobres. Queremos referirnos a estos recientes documentos: Evangelii Nuntiandi, Erga Migrantes Caritas Christi (El Amor de Cristo a los Migrantes), Evangelii Gaudium y Laudato Si. Esta última encíclica señala que “un verdadero planteo ecológico se convierte siempre en un planteo social, que debe integrar la justicia en las discusiones sobre el ambiente, para escuchar tanto el clamor de la tierra como el clamor de los pobres” (L.S., 49).

El itinerario de Eugenio de Mazenod nos ayuda a ver algunos de los nuevos rostros de los pobres de hoy. Su familia disfuncional puede evocar las disfuncionalidades de las familias de hoy. Su periodo de emigrante nos recuerda el drama de los migrantes de nuestros días y los temas relacionados con la JPIC. Sus esfuerzos por buscar un sen¬tido a la vida y ser reconocido como joven adulto traen a la mente la pobreza espiritual de nuestro mundo contemporáneo.

Nuestras Constituciones y Reglas nos dan criterios para identificar los nuevos rostros de los pobres. Estamos llamados a anunciar a Cristo y su Reino a los pobres en sus múltiples aspectos, pero donde la Iglesia está ya implantada los Oblatos se consagran a los grupos más alejados de ella (C. 5). Ello significa que en las comunidades apostólicas hemos de hacer reevaluaciones periódicas de nuestros compromisos (C. 3, RR. 7a, 7d) para asegurarnos de ir a los nuevos pobres. Nuestro discernimiento puede llevarnos a abandonar personas, lugares y ministerios que amamos, pero esta situación puede convertirse en un modo de vivir el misterio pascual (C. 4). Ningún ministerio nos es ajeno, siempre que evangelicemos a los más abandonados (R. 7b) o a los nuevos pobres. En este proceso misionero María permanece como nuestra Madre y compa¬ñera (C. 10).

Llamamientos

Basándonos en las orientaciones y la flexibilidad que nos ofrecen las Constituciones y Reglas, vemos el llamamiento a adoptar una actitud de peregrinación, como migrantes en camino. Así pues, en nuestras propias unidades y, con espíritu de discernimiento, debemos identificar los nuevos rostros de los pobres a los que el Señor nos envía en nuestros contextos específicos. El método usado en los talleres del este Capítulo general, u otro semejante, podrían ayudarnos a identificar los nuevos pobres.

Estrategias
    Nivel general:
  • Establecer un Comité general para que nuestra respuesta misionera pueda ser fortalecida en el nivel de la Congregación, ofreciendo recursos para el discernimiento comunitario sobre la misión y ayudándonos a profundizar en la reflexión iniciada por el Capítulo.
  • El Comité del Servicio de Justicia, Paz e Integridad de la Creación de la Congregación debería ayudar y coordinar los esfuerzos en este campo y colaborar con otras congregaciones y estructuras de la Iglesia en los distintos niveles.
    Nivel Regional:
  • Buscar oblatos de la Región que puedan acompañar a las comunidades locales en el proceso de discernimiento empleado en el Capítulo general. Un ejemplo sería invitar a oblatos de comunidades locales que estén trabajando con los nuevos rostros de los pobres a que colaboren en el nivel de la Región; nuestros coordinadores de JPIC y nuestras instituciones de estudios subpackageriores pueden desempeñar aquí un papel valioso en ayudar a descubrir respuestas prácticas a las situaciones de los nuevos pobres.
  • Identificar tres (3) comunidades de la Región que ya estén ayudando a algunos de los tres (3) grupos de nuevos pobres contemplados en la sección anterior relativa al contexto y optar por apoyar estas comunidades.
  • Establecer un Comité regional para la Misión que se coordine con el Comité general para la Misión (allí donde sea posible).
    Nivel de la Unidad:
  • Promover la metodología empleada en este Capítulo general para el discernimiento en comunidades apostólicas.
  • Ofrecer acompañamiento a las comunidades apostólicas que estén ya preparadas para usar esta metodología.
  • Colaborar con las Iglesias locales y otras congregaciones.
  • Promover la contribución de JPIC en este discernimiento, por ejemplo, formando un comité activo de JPIC para que, de forma regular, proporcione formación y concientización y elabore un programa de JPIC en todos los niveles de la formación (primera y permanente).
    Nivel Local:
  • Emplear la metodología del Capítulo general para discernir quiénes son los nuevos pobres en el propio contexto y cómo comprometerse con ellos. Asegurarse de que las cuestiones de JPIC están incluidas en el discernimiento.
  • Para este discernimiento común, hay que tener en cuenta los carismas personales de cada oblato, puesto que pueden enrique¬cer los proyectos comunitarios puestos en práctica en colaboración con los laicos, especialmente con jóvenes.
Implicaciones
    Las nuevas necesidades exigen nuevos medios. Respondiendo a la llamada del Espíritu a descubrir los nuevos rostros de los pobres en nuestros distintos contextos, hemos identificado algunas de las implicaciones:
  • Encontrar personal preparado que acom¬pañe los procesos de discernimiento.
  • Planificar los apoyos financieros para sos¬tener la misión.
  • Formar oblatos y laicos, ofreciéndoles experiencias de inmersión en el contexto de los nuevos pobres, con la escucha y el acompañamiento como actitudes básicas, con el fin de aprender de los pobres.
  • Utilizar las ciencias sociales para comprender las causas profundas que engendran pobreza.
  • Desarrollar vínculos sinérgicos dentro de la Iglesia (los diversos niveles en el Vaticano, congregaciones religiosas, diócesis, parroquias, movimientos laicos), las ONG y cuantos trabajan con los que hemos identificado como los nuevos pobres.